Videos
 
Arte y antigüedades
Pintura: del Sr. Pancho Flores
Pintura: del Sr. Pancho Flores
 
En tarde sin toros, mediana actuación de Hermoso de Mendoza y José Mauricio.
16 de Febrero de 2012.

Gigante, Fermín Spínola

En tarde sin toros, mediana actuación de Hermoso de Mendoza y José Mauricio.
Por: El Niño del Coso    
Fotos: Víctor Esparza
 

México, D.F., a 12 de febrero de 2012.- Dieciséis veces seguidas,  la mansedumbre ha visitado, domingo a domingo, el albero de la Plaza México. Semana tras semana, la bravura es lo que más se extraña en el colosal embudo de Insurgentes.

 

Spínola se consagró con la gran faena a “Príncipe”. Los cojines lanzados al ruedo en ocasión de triunfo, son un caso para el psiquiatra.
 

Un primer signo preocupante fue el hecho de que se anunciara una corrida parchada, con reses de La Soledad y de Los Encinos, que resultaron de plano descastadas. Entre los aficionados cundió el comentario en torno a que el cartel era muy bueno, pero expresando molestia y duda por el asunto del remiendo. Para no variar, la tarde fue salvada por un toro de regalo.

 
Príncipe de nombre y de apariencia.
 

Pablo Hermoso de Mendoza

El centauro de Estella hizo gala de los variados recursos con que en su momento revolucionó el toreo a caballo. Todas sus jacas tuvieron  la característica principal del caballo torero: jugar con el astado y salvarse de la cornada sin entregar a su jinete. Sume usted a tan torera disposición la espléndida monta que es el sello de la casa, y tendrá el arte del rejoneo en su más pura expresión. Si a lo anterior usted le agrega un toro que merezca tal nombre, el espectáculo estará garantizado. Pero… la tarde no fue buena para Pablo.
 

Fermín toreó colosalmente por ambos lados.

 

Con su primer toro, poco pudo hacer, pues no tuvo fondo, por lo que muy pronto se quedó sin movilidad. Con su segundo toro, Pablo volvió a mostrar su muy sólido oficio, aunque tuvo algunas fallas que fueron compensadas por la emoción. El toro, aunque fue algo mejor que el primero, tampoco colaboró demasiado. Mató al primer viaje y recibió dos orejas entre leves protestas.

 

Spínola se tiró a matar con fe absoluta y coronó la faena.

 

Para la lidia ordinaria, el mexiquense Fermín Spínola se topó con cornúpetas a los que no tiene caso dedicar ningún espacio. Y debió recurrir al manido recurso del toro de regalo. Abundamos las voces críticas en contra de tal práctica. Pero, en este caso resulta entendible que un diestro que siempre sale a dar el ciento por ciento, y que con frecuencia se topa con ganado de desecho, trate de escapar a la intrascendencia a que le condena la falta de oportunidades. O la oportunidad sin toro, que es como no tener ninguna.

 

Ir por el toro, al estilo del torero charro Ponciano Díaz.

 

Y saltó la liebre: en lo que ya parece plan con maña, pero que es tan sólo mediocridad, van por delante 6 mansos y, cuando se corre con suerte, alguno de los sobreros resulta bueno. ¡Qué cuadro!

 

La emoción: Pablo se dejó llegar el toro.

 

El personaje de la tardese llamó Príncipe: un cárdeno claro astifino, apenas arriba de la media tonelada y que era un verdadero cromo. Y le hizo honor a su denominación. El diestro mexiquense también recordó el enorme compromiso implícito en su muy taurino nombre, ya por ser tocayo del maestro de Saltillo, o por llamarse como el santo patrono de la pamplonada.

 

José Mauricio: elegancia y buenas maneras. En él hay un torero en verdad bueno.

 

Verónicas muy mecidas, chicuelinas andantes y rítmicas navarras rematadas con una comprometida brionesa, incendiaron el tendido. Spínola, sin banderillear, brindó su faena a Pablo Hermoso de Mendoza y dio exuberante muestra de la gran madurez de su tauromaquia. Hizo del toreo derechista una verdadera delicia, con varias tandas muy bien estructuradas, nada cortas, y toreo en redondo. Por el lado izquierdo, también corrió la mano de gran manera, aunque en los naturales el toro tuvo un punto de violencia en la embestida.

El pernicioso ayuno de bravura a que ha sido sometida la Plaza México, afloró con la petición bobalicona del indulto, disparate al que el director de la lidia respondió tirándose a matar con la fe y honradez que le caracterizan. Atinadamente, el juez de plaza ordenó la vuelta al ruedo para el extraordinario y noble toro de la ganadería de don Eduardo Martínez Urquidi. ¡Enhorabuena por el torero y el ganadero! (Pero échele más ganas, don Eduardo. Que la calidad sea regla, y no excepción).
 
Un desplante muy torero del diestro de Mixcoac.
 

José Mauricio

El torero de Mixcoac dio, una vez más, cabal muestra de su respeto por el público, pero se encontró con ejemplares que dejaron mucho que desear. El que cerró plaza tuvo algo de calidad, pero el toro rápidamente se desfondó. Decidido, como es, José Mauricio le porfió con toreo por alto y, lamentablemente, falló con la espada.  Recibió aplausos. Vale la pena decir que el torero capitalino ha vencido con valiosos argumentos la reticencia que le exteriorizaban algunos de los asistentes a la Plaza México.
 

Ruedo, tendido, luces, gotas de lluvia y paraguas de colores: redonda poesía en la foto de don Víctor Esparza.

 

Colofón

La tarde hubiera quedado en la mediocridad del ganado si los toreros no hubieran hecho, como hicieron, muy serios esfuerzos. Y el triunfador debió pagar de su bolsa el toro con que se consagró. ¡Uffffffffff!

 


redaccion@mirada-regional.com

 

  • No hay mas noticias